En el centenario de José Limón.

Este año se conmemoran 100 años del nacimiento de José Limón, bailarín, maestro y coreógrafo. Limón nació en México en 1908. Muy joven, su familia se trasladó a vivir a los Estados Unidos de América, en esta nación se convirtió en uno de los coreógrafos más importantes del siglo XX y junto a su maestra, Doris Humphrey, creó la técnica que hoy lleva su nombre.

José Arcadio Limón dejó un legado a la danza del siglo XX que se puede resumir en tres aspectos fundamentales: fue un bailarín intenso, un maestro que sistematizó su método de enseñanza y un coreógrafo prolífico, muy exigente con su propia producción.

Fueron los alemanes Ivonne Georgi y Harald Kreutzberg quienes despertaron su amor por la danza cuando presenció el debut de estos bailarines en Nueva York, y conoció los trabajos de Isadora Duncan. Este giro en su vida lo llevó a convertirse en la figura masculina emblemática de la danza moderna estadounidense. A los 22 años, comenzó a trabajar en la escuela Humphrey–Weidman descubriendo las posibilidades del movimiento. En 1937, dio sus primeros pasos como coreógrafo y compuso Danza de la muerte para recordar los dolorosos acontecimientos de la Guerra Civil Española. Una década después, debutó con su compañía, recibiendo buenas críticas por sus creaciones. Su obra La pavana del moro (1949) recibió el premio Dance Magazine. Desde 1986, esta agrupación cambió su nombre a Limón Dance Company.

Limón se desempeñó como maestro en la Julliard School de Nueva York, desde 1951 hasta su muerte, en 1972. En esta institución logró sistematizar y consolidar, al lado de Humphrey, su método pedagógico y de entrenamiento. En 1964, asumió la dirección del Lincoln Center’s American Dance Theatre y recibió el galardón Capezio. Para cualquier estudiante y profesional de danza es fundamental conocer su legado coreográfico, donde cada una de las creaciones es una lección de composición. Como maestro de coreografía, Limón solía decir que la síntesis es el mejor aliado de los creadores. José Limón fue un creador incasable que dejó gran cantidad de obras que fueron interpretadas por los bailarines de su compañía y de otras agrupaciones de ballet y danza que lo invitaron a realizar montajes nuevos. Misa Brevis, Psalm, There is a time, The Emperador Jones, La Malinche, Dances for Isadora, The exiles, Orfeo y Carlota, por citar algunas de sus coreografías que se siguen ejecutando en la actualidad y tienen vigencia estética.

En Costa Rica, su compañía se presentó en dos ocasiones en el Teatro Nacional, la primera a inicios de los años sesenta del siglo pasado, y la segunda, en 2003, como cierre del Festival de coreógrafos con las obras Héroes anónimos (1970) y Salmos (1967). Su participación fue toda una enseñanza, inclusive para los que ya no cultivan la estética de la danza moderna. El apreciar parte de su repertorio fue para todos un aprendizaje sin importar estilos o modas.

En la actualidad existen instituciones en Estados Unidos y México que se encargan de preservar su legado más allá de las puestas escénicas: José Limón Dance Fundation (1967), Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información José Limón de Bellas Artes (1983, México) y Limón Institute (1989).

La historia de la danza debe recordar a José Limón como a una persona que consagró su vida a la investigación, a la realización de obras coreográficas y formación de numerosos discípulos.