EL COMPOSITOR GUATEMALTECO JOAQUÍN ORELLANA (1937) ES UNO DE LOS MÁS IMPORTANTES MÚSICOS CONTEMPORÁNEOS DE AMÉRICA LATINA. DE VISITA EN COSTA RICA EN EL MES DE NOVIEMBRE DE 2008 NOS CONCEDIÓ LA SIGUIENTE ENTREVISTA.

  

Rafael Cuevas (RC): ¿Cómo caracterizaría usted su obra?

Joaquín Orellana (JO): Creo que lo que se puede decir más apropiadamente de mi labor creativa en música es que he tenido una preocupación muy grande siempre –se podría decir medular- por expresar las acciones y las pasiones de mi país y su circunstancia social, todas esas expresiones de una sociedad golpeada por la brutal represión contrainsurgente y, en general, los sufrimientos de nuestras etnias desde tiempos inmemoriales y, para colmo, los etnocidios cometidos recientemente. Estas han sido las fuentes profundas de donde ha surgido mi quehacer compositivo. Creo que esa es la forma más adecuada de perfilar el contenido de mi obra.

 

RC: Y esto se ha expresado formalmente ¿en qué tipo de expresión?

JO: Donde más presente está este tipo de flujo emotivo, casi como canto funerario, es en la obra Sacratávica in memoriam por las víctimas de Rio Negro de 1982, que tiene un coro grande de unas sesenta o setenta voces, toda la utilería sonora y una marimba que interviene esporádicamente. Sacratávica expresa también la magia y las presencias atávicas del mundo centroamericano. Creo que es la obra que más patéticamente se centra en ese sentirse golpeado, escindido hasta en la propia dignidad de guatemalteco por esos ataques de la sombra, esos ataques de la oscuridad, esos ataques de las mentes putrefactas. Creo que es la obra que más patéticamente expresa todas esas circunstancias.

 

RC: ¿Usted estaría de acuerdo si se le caracteriza como un músico de vanguardia?

JO: Por una parte sí, porque he empleado los recursos de la evolución musical que ha culminado, por ejemplo, en el dodecafonismo, el serealismo, el serealismo integral, la música electrónica, las texturas sonoras, etcétera, pues yo he empleado eso recursos, pero lo que más sinceramente puedo decir de mí mismo es que tengo diversidad de facetas. Puedo, a nivel de línea melódica, expresar una gran profundidad de sentimientos, por ejemplo en una elegía a la muerte de alguien o, incluso, una pieza de carácter infantil proyectando una ternura que desciende a las etapas transparentes de la infancia. Creo que tengo una labor muy diversa, y así como puedo hacer una textura sonora, o una infrafornía, o una humanofonía, también puedo hacer humor musical, como en esa pieza que se llama Oxidorganío, por ejemplo, o el Émulo Lipolidón en su versión coral, que es una pieza satírica.

 

RC: ¿Cómo ubicaría usted su obra musical en el contexto de la música guatemalteca y, más en general después, centroamericana y latinoamericana?

JO: He tenido un deseo muy grande de integrar, en forma de citas, la música guatemalteca, como los valses criollos o las guarimbas. En Ramajes de una marimba imaginaria aparece una cita del vals Xelajú de Benedicto Sáenz. También aparece Fiesta de mi campo de don Cupertino Soberanis, una guarimba que se escucha también como cita. Dentro del contexto de la música de vanguardia guatemalteca creo que, al incorporar citas de lo popular a la música erudita, estoy elevando a un sitial muy alto los valores de la música guatemalteca. Respecto a la vanguardia en general, creo que he logrado expresarme a nivel de lo que se hace en mi tiempo pero, por otra parte, en cuanto a la música actual de América Latina, creo que he cumplido con el deber de exaltar sus valores propios, por ejemplo la presencia de los fonemas de lenguas indígenas y el acento del habla de nuestros indígenas que, para mí, dentro de cierta postura, me parece que ese acento, ese dejo en el habla es resultado de su condición social, de su sojuzgamiento de hace mucho tiempo y el actual. Creo que el haber incorporado esos valores a la vanguardia enmarca no solo un vanguardismo sino un sentir muy guatemalteco que se proyecta en magnificaciones de la guatemalidad.

 

RC: ¿Cómo ha sido la recepción de su obra en Guatemala, tanto de los conocedores como del público en general?

JO: Hubo un tiempo en el que mis cosas causaban un cierto estupor, que en ciertas personas era asombro o sorpresa. Con las nuevas generaciones, que van naciendo ya desprejuiciadas, con la mente más amplia para recibir y apreciar cosas diferentes, esa situación ha ido cambiando y ha ido mejorando. Creo que las cosas diferentes en música, donde más problemas tienen para ser entendidas y para ser captadas es, paradójicamente, en el mundo del gremio musical tradicional, porque el músico tradicional tiene un cliché de lo que es música y le es muy difícil apartarse de los cánones de ese cliché que está estereotipado. Sin embargo, en el mundo de los pintores, de los escritores, de los poetas, estas cosas mías han sido más accesibles por el hecho que ellos no tienen de la música ese cliché que sí tienen los músicos tradicionales.

 

RC: ¿Cómo ha sido durante su vida la relación con otros músicos de vanguardia guatemaltecos?

JO: En este sentido, mi relación ha sido básicamente con un músico, mi colega y amigo Jorge Sarmientos, porque los dos estuvimos en el Instituto Torcuato Di Tella en Argentina, donde hicimos estudios musicales y nos integramos a la vanguardia. Jorge Sarmientos compuso muchas obras dentro de esa tendencia, pero además dio a conocer las obras de Edgar Varèse y realizó una labor de conocimiento porque montó obras de Stravinsky, muy difíciles de ejecutar por cierto. Con  él tuvimos una relación de amistad como colegas y de mutuas apreciaciones de nuestros respectivos trabajos; sin embargo, con el tiempo nos fuimos por distintas rutas. Otra relación ha sido con los que fueron alumnos míos, Iván e Igor de Gandarias. Paralelamente a eso fue también la relación con el doctor Dieter Lenhoff, quien también se ha desenvuelto dentro del movimiento de la vanguardia.

 

RC: En perspectiva, ¿cómo ve usted el desarrollo musical en Guatemala?

JO: Pienso que lo que nosotros hemos plantado, los hermanos de Gandarias, Jorge Sarmientos y yo, está fructificando porque han quedado buenos estímulos, ya la mente más ávida de las nuevas generaciones indica un posible futuro de músicos que van a expresarse de acuerdo de las vanguardias que surjan en su tiempo.

 

RC: Usted es también un luthier pues es constructor de instrumentos musicales. ¿Como ve las posibilidades éstos que tienen de difundirse y puedan ser utilizados para crear nueva música en Guatemala?

JO: Durante mucho tiempo yo he requerido apoyo para realizar una o varias réplicas de esta utilería sonora, porque han viajado a otros países presentando diferentes obras, y desde luego corriendo los riesgos de los viajes, por lo que los originales ya deberían estar en un museo para que no corrieran riesgos. Actualmente, el Ministro de Cultura y Deportes, que es don Jerónimo Lancerio, me propició un contrato con el Ministerio para crear una réplica y en eso estoy trabajando actualmente; yo creo que es un primer paso, porque en la medida en que esta réplica sea motivo de noticia, las entidades que pueden apoyar el arte estarían anuentes a apoyar para que se hicieran otras réplicas. En 1988, en España, el compositor español Joren Valver me propuso dejar la utilería en España, hacer una réplica y enviarla a Berlín, otra para Suiza, etcétera. Estaba emocionado por la exultación que producen esos útiles sonoros, como los denomina Rossina Cazali. Ahora son requeridos también en Costa Rica y antes en San Salvador. Es decir, que en muchas partes se han manifestado diferentes personas con interés de que hubiera réplicas de esta utilería sonora. Pero, como dije anteriormente, el primer paso ya está dado con este contrato con el Ministerio de Cultura.

 

RC: ¿En Guatemala existen espacios como para que el espíritu con el cual usted aborda la música, de exploración, de experimentación, de vinculación con lo propio en el marco de un lenguaje de vanguardia, pueda formarse y desarrollarse?

JO: Quienes se debieran interesarse no son tanto los compositores como los docentes. Personas como los doctores Lenhoff y de Gandarias algún día van a interesarse en impulsar, en un nivel formal, la creación y continuidad de un movimiento de vanguardia musical en Guatemala.

 

RC: ¿Cómo caracterizaría la música culta guatemalteca actual?

JO: Por una parte están los repertorios tradicionales a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional y la Orquesta de Cámara Jesús Castillo, que son repetitivos pues las obras que se interpretan pertenecen a los períodos clásico y romántico, y solo un poco al período moderno. El período decafonista, por ejemplo, que fue creado por Schömberg allá por 1915, y los posteriores, el serialismo y el serialismo integral, ya pasaron en Europa y aquí pasó inadvertido

 

RC: Hablemos un poco de su proceso creativo.

JO: Hay veces que es tan espontáneo el proceso que me da la impresión que, a partir de una idea que uno percibe que vale, a partir de ese momento pareciera que la pieza se escribe sola, pero lo que ocurre es que hay un entrenamiento de la mente auditiva a un grado tal de conocimiento de experiencia, de práctica, que comienza como a actuar casi automáticamente. Pero hay veces que hay escollos, que no encuentro la forma adecuada, y las que he escrito no me parecen. Hay un instinto que lo va guiando a uno hacia la proporción exacta de las cosas y yo, en esas ocasiones, sufro mucho porque comienzo a sufrir reacciones sicosomáticas como tener gripe, o me enfermo del estómago, o me da insomnio, y de pronto la solución llega casi por sí sola, y en ese momento digo yo “pero cómo no me había dado cuenta”. La vedad es que la mente no puede funcionar pareja; hay momentos en los que uno se encuentra en callejones sin salida, o cosas en que uno, por preocuparse mucho por aspectos formales, es su propio boicoteador. Tengo todas esas vicisitudes en el proceso creativo, y hay cosas en que se funciona tan rápido que uno mismo se sorprende. Hay veces que me están planteando un proyecto y la persona no ha terminado de decírmelo cuando ya estoy imaginando cómo va a ser; entonces, en ese momento, me sorprendo. Pero creo que es un poco que uno encontró su cauce, porque todo artista busca su forma ideal de expresión. Algunos lo consiguen, otros lo consiguen a medias y otros mueren si haberlo encontrado. Y eso no es por falta de capacidad, sino es por una serie de asuntos fortuitos: el azar, los estímulos del medio, todo eso influye en que algunos artistas encuentren su cauce adecuado y otros no. Yo tuve la suerte de -con mucha perseverancia y no solo mucho trabajo sino muchos estados de reflexión, de estar conversando conmigo mismo y de criticarme a mí mismo- haber logrado encontrar ese cauce. Pero no fue fácil.

 

RC: ¿Usted necesita condiciones ambientales, contextuales específicas para poder trabajar?

JO: Me he dado cuenta que lo que necesito es vagabundear, no estar preocupado por nada, no ir a ningún lado específico sino vagabundear; pareciera que así la mente entra en un relajamiento y la imaginación empieza a desplazarse con mucha libertad, al punto que van surgiendo las ideas y uno como que ya no se da a basto para tanto, y a veces ha habido casos en que la mente no me deja en paz, y entonces lo que hago es que me tomo unos tragos para oscurecer la mente. En cambio hay períodos desérticos, áridos, en los que uno llega a decir “yo creo que este pozo de creatividad ya se acabó”. Pero no, después hay un resurgimiento.

 

RC: Hablando de las condiciones más generales. ¿Cómo siente que han sido las condicione que ha tenido en Guatemala para su trabajo creativo?

JO: La pura verdad es que he tenido que luchar contra mucha adversidad, porque ha habido personas, de las que han sido escogidas para regir la cultura artística, que no solo no me han comprendido sino que, incluso, me han rechazado y me han orillado. En Bellas Artes hubo una directora que me orilló durante ocho años, solo porque a ella no le gustaba lo que yo hacía o no lo comprendía. He luchado contra algunas intrigas, algunas envidias, con el rechazo frío de funcionarios, con tener que explicar cosas de mi obra cuando no debiera estar explicando nada pues con ciertos méritos alcanzados un funcionario inteligente debiera decir “bueno, vamos a ver si podemos o no podemos apoyarlo”, pero no estar condicionando el apoyo al “éxito” que pueda tener lo propuesto. Entonces, sí he tenido que luchar mucho, incluso con ciertas manifestaciones de ironía ácida que se dan cuando se vive en un ambiente provinciano.

 

RC: ¿Cayó su música como una pequeña bomba en ese ambiente provinciano?

JO: Yo creo que causó sorpresa y burlas. Cuando yo volví de la Argentina planteaba que no se debía hablar solo de música sino de arte auditivo, y entonces una señora escribió un artículo en el periódico protestando contra eso, y dijo que músicos del alma ya no habían, y una serie de cosas como “arte auditivo en lugar de música ¡Que Dios no lo quiera!” decía. Hubo entonces rechazo, burla, sarcasmo, y causó celos en los críticos; uno de ellos, por ejemplo, apoyaba a un compositor que hacía música nacionalista y a mí me detractaba cada vez que podía. Y entre algunos académicos de la Universidad de San Carlos que se declararon abiertamente detractores de lo que yo hacía.

 

RC: Haciendo un balance de su vida como compositor ¿esta usted satisfecho?

JO: Lo que creo que puedo decir sin reservas es que estoy satisfecho porque logré, por lo menos en un ochenta o noventa por ciento, decir lo que tenía que expresar. Creo que, aparte de lo precaria que ha sido la difusión de mis trabajos, y que se siente mucha tristeza por haber trabajado tanto para que solo se toque una vez y se olvide, se engavete, creo que sí he tenido éxito. Las respuestas al mensaje y el consenso -no la popularidad- a nivel de los intelectuales guatemaltecos e internacionalmente me han dado una gran satisfacción. Eso para mí es de una gran importancia, no por la respuesta específica al mensaje, sino por que es hermoso ver que uno empieza con una llamita y se forma un fogarón.

 

RC ¿Qué le diría usted a las nuevas generaciones de músicos y, más en general, de artistas, que están creciendo ahora?

JO: Yo les sugeriría a las nuevas generaciones centrarse en su mundo, en su país y en su entorno social. Estar de frente a las circunstancias sociopolíticas y socioeconómicas del país. Tener el valor de alzar la voz y encauzar la producción artística con un gran apego a lo vivencial, a lo circunstancial, al ámbito general de su pueblo. Porque es fácil imitar, adoptar técnicas, cuando eso es un poco equivocar el camino. Otra cosa que yo les sugeriría sería no pensar en el triunfalismo, porque pensar en el triunfo es alejarse de lo que conviene más, que es asentarse en sí mismo, centrase en sí mismo y en las circunstancias de su entorno, y al mismo tiempo pensar qué quiere decir y a quiénes, y para qué, más que estar imitando cosas foráneas, muchas veces muy baladíes.