Cuando el 28 de diciembre de 1895 los hermanos Lumiére organizaron la primera proyección pública pagada de su invento más reciente, el cinematógrafo, no sabían que estaban inaugurando el rito de entretenimiento más importante del siglo XX: ir al cine, es decir, introducirse en las ficciones desde la cómoda butaca de una sala de proyección.

Tampoco se hubieran imaginado que, 120 años después, las películas seguirían siendo uno de los mayores entretenimientos de la sociedad, aun cuando ya no sería necesario entrar a la penumbra de la sala de cine, sino que se podrían disfrutar en pantallas tan pequeñas como las de un teléfono inteligente.

El proceso del consumo cinematográfico ha variado contundentemente, sobre todo a partir de finales del siglo XX. Sin embargo, nunca se han consumido más películas que en la actualidad.

Si bien el cine empezó siendo una atracción de feria, fue convirtiéndose en entretenimiento barato para las clases populares. A partir de los años 20, adquirió una legitimidad social en los legendarios “cine-palacios”.

En Costa Rica, estas enormes catedrales del entretenimiento estaban sobre todo alrededor del Parque Central. El Cine Palace, construido en los años 30 por el ingeniero alemán Paul Ehremberg, tenía una capacidad para 1 500 espectadores. Y a su lado, el Raventós –hoy Teatro Popular Melico Salazar– competía en amplitud y elegancia.

También había cines de barrio, de pueblo y cada provincia contaba con un buen número de salas. El Roxy, el Lux, el Apolo, el Coliseo, el Capitolio y el Rex son algunos de los que se ubicaban en San José.

El Variedades, el teatro más antiguo del país (construido en 1891), fue el primero en convertirse al cinematógrafo. Fue adquirido por el Estado en 2013 y el próximo año se abrirá como cinemateca, con varias salas de proyección. Junto al Magaly y a la Sala Garbo, son los únicos que se mantienen activos.

Muchas salas desaparecieron por incendios –el América, el Moderno y el Raventós, por ejemplo–, pero la gran mayoría ha desaparecido porque deja de ser rentable, o la zona en que se ubican pierde su rostro original, como el caso del Cine Libano.

El Center City sobrevivió hasta el 2009 como cine rojo. Este fue uno de los destinos de muchas salas como el Metropolitan y el Cinema 2000.

En Costa Rica, hasta 1990, de un total de 132 salas se habían clausurado 73, aunque la mayoría se encontraba fuera del área metropolitana. En San José y las capitales de provincia se pasó de 45 cines a menos de 25. En la década de los 80, los cines perdieron el 75 % del público. Solo en los años 80, la “década negra” para los cines, en solo cinco años, entre 1983 y 1988, se clausuraron 66 salas, es decir, un poco más de 1 por mes.

Aún es posible recorrer la ciudad y encontrarse con estacionamientos, sodas, restaurantes o locales comerciales que preservan el nombre original del cine más cercano de la zona, aunque el teatro en cuestión haya desaparecido 30 años atrás. Esto, porque la sala de cine formaba parte de la sociedad enclavada en la ciudad o en el barrio, donde las instituciones culturales eran visibles y manifiestas: el parque, la calle central, la iglesia, el teatro, la pulpería. Su desaparición o decadencia no puede explicarse sino a partir de la transformación de circunstancias urbanas, sociales, económicas y culturales, no solo por culpa de la televisión, como muchos han simplificado.

A partir de 1995, la recepción cinematográfica ha experimentado un resurgimiento con la aparición de los “multicines: salas pequeñas y funcionales, adosadas a un complejo comercial tipo mall, generalmente para públicos de jóvenes cuidadosamente segmentados y en las que se proyecta cine “a la medida”. Actualmente, existen 110 salas o pantallas en el país y, se calcula que entre este año y el que viene, se abrirán 31 más. Los multicines se han ido extendiendo de la capital a todas las provincias.

Además, los efectos especiales de las películas son la atracción para volver a la sala y, por ello, abundan las sagas de superhéroes, personajes mitológicos y filmes que permitan el despliegue de las nuevas tecnologías.

También tenemos el Imax, un sistema de proyección que tiene la capacidad de generar imágenes de mayor tamaño, definición y estabilidad. La pantalla es tres veces más grande que una tradicional. Cinepolis de igual manera ha abierto una sala 4D que incluye movimientos de butaca, aroma y elementos táctiles.

Además, el cine no solo se consume en salas. Las películas se alquilan, se consiguen pirateadas, se ven por televisión, pública y de paga. Y, gracias al Internet, se pueden ver on line o descargadas, en la computadora, en tabletas y hasta en teléfonos inteligentes.

Después de que lo creíamos muerto, nunca ha estado el cine más vivo que ahora... en la era de las multipantallas.